Andalucía, esa magnífica región de
España, de tierra cálida y bien aclimatada, llena de vida, alegría, sueños,
etc. Cada día está sufriendo el Expolio −sí como lo oyen ustedes, amables
lectores−, y escrita esta palabra con mayúscula. Una de las regiones más
grandes del país que ofrece una cantidad ingente de oportunidades laborales y
con buena calidad de vida, ha sufrido y está sufriendo el expolio y la desidia
de unos gobiernos nefastos que no saben más que velar por sus propios intereses
–ora sea por el centralismo capitalino que gestiona los recursos de la Nación,
ora sea por el centralismo autonómico que descuida los intereses del Oriente de
Andalucía en la gestión que realiza de los fondos públicos que le asigna el
gobierno central−, el caso es que como reza un viejo refrán castellano: “el uno
por el otro, la casa sin barrer”. Si muchos políticos aprendieran las doctrinas
acerca del “amor público” que defendía Jovellanos en el siglo XVIII, “otro
nuevo día nos amanecería”.
Puede resultar un poco extraño que
comience este artículo con esta pequeña reflexión sobre la magnificencia de
Andalucía y lo desafortunada que ésta es. No es agradable leer en el periódico
de la mañana la siguiente noticia, y cito textualmente: “…La propia ministra,
Ana Pastor, ya anunció en el mes de julio que la intención de su departamento
era la de liquidar diferentes rutas de trenes regionales que se caracterizan
por su falta de rentabilidad (…) El caso concreto del servicio de media
distancia entre Granada y Linares-Baeza tiene todas las papeletas para ser uno
de los que Fomento sacrifique con el objetivo final de reducir el déficit que
soporta Renfe”. Otra línea de ferrocarril más que peligra, otro tren que en el
peor de los casos –“tiene todas la papeletas”− puede que desaparezca.
De una forma parecida comenzó la campaña
del gobierno socialistas a partir de 1982 para cerrar la línea férrea
Guadix-Baza-Lorca. Estos días al leer la notica ésta, es como si hubiera
sufrido un “flash-back”, un regreso a las noticias de hace treinta años, que
están guardadas en el recuerdo de las hemerotecas. Esto quiere decir que el
Ministerio de Fomento se está planteando la eliminación de determinados
servicios ferroviarios que discurren por Andalucía Oriental, más concretamente
entre las provincias de Granada y Jaén. Todavía no han llegado a plantear la
eliminación del servicio completo, pero sí de una reducción considerable del
mismo porque supuestamente es deficitario. Así empezaron en los años ochenta
cuando pusieron sobre la ínclita mesa ministerial las deficiencias de
rentabilidad económica que planteaba la extinta y expoliada línea
Guadix-Baza-Lorca. Los políticos de turno comenzaron a dilucidar que esta línea
era deficitaria, que no era rentable, que ya no era usada por viajeros y que
las grandes empresas del norte de la provincia de Granada y de la cuenca del
Almanzora se encontraban en quiebra, como supuso el cierre de la fábrica
azucarera “Nuestra Señora de las Mercedes” de Caniles (Granada) o las minas de
hierro de Serón (Almería). Lo que nunca se pararon a pensar estos políticos
que, imagino estarían asesorados por técnicos especialistas en la materia,
fueron las consecuencias sociales que el cierre de esa antigua línea conllevó.
Sevilla estaba conectada con La Jonquera (Gerona), Andalucía estaba conectada
con Murcia y el Levante; por ferrocarril. Así lo estudiaron y realizaron los
ministros del rey Alfonso XII a partir del último cuarto del siglo XIX. Es
increíble, en la primera década del siglo XXI, lo que nuestros gobiernos están
promoviendo es el desmantelamiento de todo lo que se hizo en la España
decimonónica con el banal y paupérrimo argumento de la crisis económica, el
déficit, la rentabilidad... Los números fueron incapaces de medir la
rentabilidad social que tenía la línea de Guadix-Baza-Lorca, al igual que son
incapaces de medir la que tiene la línea de Granada a Linares-Baeza. Los
números son fríos, calculadores e inhumanos. No están capacitados para medir a
la sociedad, pueden operar con guarismos, con signos, con índices de
rentabilidad, etc., pero nunca podrán medir los sentimientos, la naturaleza
humana ni los corazones de los hombres. Aquellas personas que se despedían de
sus seres queridos, con lágrimas en los ojos, en la estación de ferrocarril de
Baza. Aquellos emigrantes que se vieron obligados a marcharse de su tierra
natal, en los años sesenta, a las zonas
industrializadas de España (Cataluña o País Vasco) en busca de una mejor vida,
de oportunidades laborales, en definitiva, de una nueva vida. Ese tren de la
esperanza nos fue arrebatado por un errado gobierno que no tuvo en cuenta las
consecuencias sociales de sus actuaciones, sino que, más bien, lo único que le
importaba era la rentabilidad económica, es decir, los números. Tanto que se habla
en estos últimos tiempos en términos económicos: rentabilidad, crisis, déficit,
prima de riesgo, IVA, IBI…, están las páginas de los periódicos llenas de
éstos. Para que un medio de transporte público sea rentable, el gobierno ha de
hacer que éste se convierta en rentable. Sin embargo, ¿cómo se puede obrar tal
milagro? pues no es una cuestión de milagrería, sino que más bien, es una
cuestión de accesibilidad, es decir, que el usar el tren sea asequible, que se
pueda comprar un par de billetes de tren a unos precios razonables, no a unos
desorbitados, que sólo estén al alcance de una minoría poblacional y no al de
la mayoría que es como debiera ser. De
todos es sabido que el transporte terrestre más seguro es el ferrocarril, por
consiguiente, no se puede consentir que el gobierno de turno que sea, en lugar
de potenciarlo pretenda reducirlo.
A modo de conclusión, me gustaría
que la clase política de este país –como he mencionado anteriormente−
aprendiera la filosofía dieciochesca de Jovellanos. Otro ministro Ilustrado de
origen murciano, el conde de Floridablanca, llegó a afirmar: “Las obras
públicas son la verdadera medida de la civilización de las naciones;
dondequiera que el hombre ve campos bien cultivados, poblaciones bien
construidas, caminos que venciendo mil obstáculos de la naturaleza proporcionan
el más cómodo tránsito…, allí hay aplicación, leyes, costumbres, amor al
trabajo, verdadera civilización y todas las bendiciones del cielo”. Me gustaría
algún día, no muy lejano, poder tomar el tren en la futura estación de Baza –aprovechando
el tren de pasajeros que discurriría por el ramal de Guadix-Baza-Lorca, como
parte del Corredor Ferroviario Mediterráneo, que es lo que debiera ser− para
poder visitar a una buena amiga mía que es linarense o a mis amigos murcianos.
Para que este sueño se cumpla, se han de dar dos circunstancias: la primera,
que el gobierno ni se planté la reducción del servicio de la línea
Granada-Linares-Baeza. Segunda, que el Ministerio de Fomento en comunión con la
UE y la Junta de Andalucía, decidiera acometer las obras de la restauración de
la antigua línea Guadix-Baza-Lorca como parte del Corredor Ferroviario
Mediterráneo. Como bien he dicho, esto a día de hoy no es más que un sueño, sin
embargo, no me gustaría que este sueño siguiera la filosofía de Calderón de la
Barca: “…y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño, y los sueños,
sueños son”. Ojalá este deseo en un futuro próximo no sea un sueño, sino una
sólida realidad.
JUAN
ANTONIO DÍAZ SÁNCHEZ
(Centro
de Estudios Históricos de Granada y su Reino)
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